El Control Integral de Plagas (Control Integrado o CIP) encuentra sus inicios en la década de los 50 en Estados Unidos fruto de la preocupación existente ante el problema que generaba la aplicación indiscriminada de plaguicidas. La EPA (Environmental Protection Agency) define al Control Integrado como “el uso coordinado de la información sobre la plaga y sobre el medio ambiente con los métodos de control de plagas disponibles, para prevenir niveles inaceptables de daños ocasionados por las plagas, madiante los medios más económicos y con el menor riesgo para las personas, sus propiedades y el medio ambiente”.

Lo que busca el CIP es tratar los problemas de plagas diseñando programas que combinen e integren todas las medidas posibles de actuación (sean físicas o químicas) para obtener el mejor resultado posible sin afectar a otros seres vivos que no son objeto de tratamiento y al medio natural.